Hace poco más de una semana que dejé la ciudad de Garopaba, donde cada día ha sido un aprendizaje constante, una experiencia enriquecedora que me ha permitido sumergirme en la vida cotidiana de las comunidades locales. Gracias a la iniciativa «Sinergia Brasil – Italia – Conectar – Descobrir – Identidade», y a la ADTC (Associação Desenvolvimento Territorial Costa Catarina), he tenido la oportunidad única de convivir con familias de diferentes territorios, compartiendo sus comidas, sus historias y sus costumbres. Además de ser un intercambio cultural, fue un viaje profundo a través de la identidad, la resistencia y el amor por la tierra.
Cada experiencia ha sido un regalo, una sucesión de emociones que me han llenado de aprendizaje, sabiduría y amor: he aprendido sobre la relación profunda que estas comunidades tienen con su territorio y he sido testigo de su inquebrantable compromiso con la preservación de su identidad y su entorno.
En cada núcleo de gente con la que he vivido, he encontrado un pedazo de una gran familia, y aquí en Garopaba he sentido que formo parte de algo mucho más grande: un tejido de personas, historias y tradiciones que se entrelazan con la naturaleza y con el tiempo.

Durante un recorrido especial con la ADTC, tuve la oportunidad de acompañar a los alumnos del IFSC (Instituto Federal de Santa Catarina) en una visita a la Horta de Hilário Verduras, lugar donde ya había vivido una semana junto a la maravillosa familia que cuida este huerto.
Durante su recorrido por el Quilombo, los alumnos del IFSC vivieron momentos que dejaron huella. En la Horta de Hilário Verduras, conocieron a sus hijas, dos mujeres que, tras el accidente de su padre, tomaron las riendas de la huerta con determinación. No solo la mantuvieron en pie, sino que la hicieron crecer, logrando fondos para construir una veranda y un pequeño café con vista al valle. La historia emocionó a todos, no solo por el esfuerzo que implicó, sino por la calidez y el amor con los que fue contada. Más tarde, el hermano de Hilário compartió el camino de la comunidad quilombola en la lucha por el reconocimiento de sus tierras. Sus palabras, cargadas de historia y vivencias, hicieron que los estudiantes entendieran que ese lugar es mucho más que tierra fértil: es identidad, resistencia y hogar.

El viaje siguió en el Engenho da Cachaça de la familia Souza, donde la producción sigue fiel a la tradición. En medio del aroma de la caña de azúcar y el sonido de la molienda, los estudiantes vieron el trabajo paciente y minucioso que hay detrás de cada gota de cachaça. Con curiosidad, hicieron preguntas, rieron con las anécdotas de los anfitriones y se maravillaron con la destreza de quienes llevan toda una vida en ese oficio. Pero cuando la charla giró hacia el corte de la caña bajo el sol, la reacción fue distinta: todos disfrutaban el sabor de la cachaça, pero pocos imaginaban el esfuerzo que supone llevarla hasta sus copas.
Más que una visita, fue una invitación a mirar más allá de lo evidente, a escuchar las historias detrás de cada cosecha, de cada botella, de cada lucha silenciosa.

En el mismo Engenho, el Alambique Vó Zeca, pasé una semana sumergida en la rutina de una familia productora de cachaça artesanal. Pude «poner las manos en la masa», como dicen los brasileños, y sentir en mi piel la dureza y la satisfacción del trabajo en el campo.
Cada mañana, el día comenzaba con un desayuno en la colina, rodeados de un paisaje conmovedor. Luego, bajo el sol intenso, ayudaba a cortar caña de azúcar, alimentar el fuego del alambique y participar en cada etapa de la producción. Comprendí que cada botella es mucho más que una simple bebida: es el fruto de esfuerzo, paciencia y amor por una tradición que resiste al tiempo.
Al regresar a casa, la fatiga se desvanecía en la calidez de la convivencia. Entre juegos de cartas y platos caseros, compartía momentos con las mujeres que, con dedicación silenciosa, han sostenido esta actividad durante generaciones. Más allá del trabajo, lo que realmente mantiene vivo el engenho es el espíritu de comunidad y el profundo respeto por la tierra y sus saberes.
El 8 de febrero, junto con los representantes de la ADTC y dos mujeres de las comunidades involucradas, participé en un recorrido por el barrio de Monte Serrat, en Florianópolis, organizado por el proyecto de turismo comunitario Viva Monte Serrat.
Florianópolis es conocida por sus playas paradisíacas, su vibrante vida nocturna y su infraestructura turística de primer nivel, atrayendo visitantes de todo el mundo. Sin embargo, pocos conocen la historia del Morro da Caixa, una comunidad de raíces profundas que ha resistido los desafíos del tiempo.

El nombre del barrio proviene del primer depósito de agua construido en la isla en 1910, pero el acceso al agua corriente llegó en 1983. Hasta entonces, toda la comunidad tuvo que adaptarse a vivir sin este recurso esencial, organizándose con cisternas rudimentarias, recolectando agua de lluvia y encontrando maneras de compartir lo poco que tenían; las mujeres “lavadoras” recorrían largas distancias para abastecerse, cargando el agua sobre sus cabezas o en carros improvisados, en un esfuerzo diario agotador.
Sin acceso adecuado a servicios básicos, muchas familias enfrentan barreras invisibles que limitan sus oportunidades. A pesar de esto, la comunidad se sostuvo con base en la solidaridad y la resiliencia, creando redes de apoyo que aún hoy son parte de su identidad.
Durante el recorrido, guiado por los propios residentes, caminamos por senderos históricos y escuchamos relatos de resistencia y unión. Fue una experiencia profundamente conmovedora que me permitió ver otra cara de Florianópolis, una cara menos expuesta a los ojos del turismo convencional, que va más allá de los paisajes de postal y revela la fuerza de sus comunidades.

Tuve la fortuna y el honor de conocer a la comunidad de pescadores de la zona de Garopaba. Fue emocionante ver la alegría y el orgullo de Maria al hablar de su pasión por la pesca. Sus ojos brillaban mientras contaba sus experiencias o incluso cuando imitaba con entusiasmo las técnicas de pesca con la típica red tarrafa.
María compartió conmigo momentos de profunda conexión con la naturaleza y entre las personas. Durante la temporada de pesca de la tainha (trilla), no solo toda la familia participa—ya sea pescando o preparando la comida en los tradicionales ranchos de pesca—, sino que también se suman otros miembros de la comunidad. Todos colaboran para tirar de las pesadas redes llenas de peces y, al final, cada uno recibe una tainha como recompensa. No hay conflictos ni exigencias, solo solidaridad y un fuerte espíritu de cooperación. Hacen fila y comparten el fruto del esfuerzo común.
Si una familia no puede salir a pescar, avisa a otra para que tenga la oportunidad de hacerlo. Lo mismo ocurre si ven que los peces cambian de rumbo; la información se comparte sin reservas. Maria y sus hermanas han pescado junto a su padre desde siempre y nunca lo han sentido como una obligación. Al contrario, esperan con ansias la llegada de esa época del año para lanzar la tarrafa al mar y vivir juntos ese momento de fiesta.

Toda mi experiencia en Garopaba estuvo envuelta en música, un elemento que la hizo aún más vibrante y especial. En Garopaba, cualquier ocasión es buena para disfrutar de la música en vivo. Durante mi estancia, la vida nocturna, los encuentros espontáneos y las reuniones familiares siempre encontraban su banda sonora, haciendo que cada momento se volviera aún más significativo.
Gracias a RockBrothers Garopaba y sus presentaciones en escenarios tan únicos como un antiguo rancho de pesca a la orilla del mar, pude vivir momentos de profunda conexión. Muchas de sus canciones están dedicadas a las comunidades tradicionales o a la propia ciudad, como “Perto do mar”,convirtiéndose en un puente entre la historia, la cultura y quienes las escuchan.

Esta experiencia no fue solo un viaje, sino una inmersión en la realidad de comunidades que me mostraron nuevas formas de ver el territorio y la identidad. A través de la ADTC fui parte activa de un intercambio que sigue en construcción. Conocí personas que defienden su cultura a diario, que transforman desafíos en oportunidades y que encuentran en la colectividad la respuesta a un mundo que cambia demasiado rápido.
Lo vivido en Garopaba es solo un fragmento de un proceso más amplio, donde el aprendizaje no se detiene y los lazos siguen fortaleciéndose. Si algo queda claro, es que experiencias como esta son un punto de partida para nuevas conexiones, preguntas y caminos que aún están por descubrirse.
Escrito por Simona Signorile.
Bellissimi racconti di un’esperienza di crescita intensa, che sono sicura sarà la base di uno sviluppo futuro che andrà aldilà delle belle opportunità che si apriranno per Simona.
È la dimostrazione del valore delle reti, dell’importanza del supporto a studenti meritevoli, dell’intensità emotiva dell’esperienza turistico-rurale, del potenziale che un turismo rurale sostenibile può avere per le comunità.
Bravi tutti!!!
Contribuire a tessere reti non è facile. E meno ancora che queste reti producano risultati. In questo caso, vari astri si sono allineati:
✅Un processo di lunga data di turismo rurale di base comunitaria nel Litorale Sud di Santa Catarina (#Brasile) con un insieme di attori ed istituzioni locali disposti all’accoglienza ed alla collaborazione. Senza burocrazia inutile, con la capacità di prendere decisioni collettive in modo rapido e concreto.
TobTerra Ama Ong Bio Consciencia TBC Costa Catarina
✅La volontà di una studentessa-lavoratrice del sud d’Italia, Simona Signorile, Master del Cirpas – Centro di ricerca e formazione / Università degli Studi di Bari Aldo Moro ed integrante del programma #talentiincorso di lanciarsi ad un periodo di vita dall’altra parte del mondo. Non sempre queste esperienze di volontariato riescono. L’apertura di Simona alla conoscenza e la sua capacità di lavoro su fronti differenti, in questo caso, hanno prodotto una sintonia appassionata e produttiva.
✅L’esistenza di reti come la Plataforma Diversidad Biocultural y Territorios / #Juntanza / Diversidad & Desarrollo capaci di avvicinare mondi diversi e di realizzare attività con fini concreti (per esempio scambi orientati alla formazione reciproca, disegno ed accompagnamento di strategie di sviluppo territoriale, campagne di comunicazione e promozione dei territori, occasioni di dialogo e di costruzione condivisa di proposte di politica pubblica…).
I prossimi passi❓ Seguiteci ❣❣❣