Terremoto político: ¿Hacia un nuevo modelo de inclusión y ciudadanía activa?

Qué se eligió en Chile el fin de semana

Autor: Hector Bravo, Docente y consultor internacional, aliado de la Plataforma.

 

El estallido social de octubre de 2019 en Chile, se encausó institucionalmente a través del “Acuerdo por la Paz Social y nueva Constitución” suscrito por representantes de los partidos políticos, con la excepción del Partido Comunista. En el marco de este acuerdo, entre el sábado 15 y el domingo 16 de mayo, se realizó la elección regular de Alcaldes y Concejales, por primera vez la elección de Gobernadores Regionales, y lo más importante, la elección de los 155 representantes encargados de redactar la nueva constitución que regirá los destinos de Chile en los próximos años.

Este último es un proceso electoral inédito e histórico, ya que como nunca antes en Chile la ciudadanía pudo decidir los representantes que redactarán la carta fundamental, integrando la primera convención constitucional paritaria del mundo, con 77 mujeres y 78 hombres; que además contará con 17 escaños reservados para representantes de los pueblos originarios.

El escenario en que se desarrolla este proceso está marcado por una crisis muy profunda de confianza en las instituciones, con un descrédito transversal de la política y un gobierno desconectado de la ciudadanía que, según los últimos sondeos, mayoritariamente desaprueba la gestión del Presidente, cuya adhesión no supera el 9%.

Los primeros análisis de los resultados hablan de un “terremoto político”, expresado en una derrota aplastante de los partidos políticos tradicionales, que condujeron el proceso de la transición.

La derecha gobernante, por un lado, sufre la que en opinión de analistas locales es “la peor derrota desde los años 60”; no alcanza el tercio de la convención, que le permitiría ejercer su ansiado poder de veto, no logra ninguna de las tres gobernaciones regionales resueltas en esta elección, encabeza los votos en solo una de las 13 que serán dirimidas en 2ª vuelta y pierde varios de los municipios emblemáticos como Santiago, Ñuñoa, Viña del Mar, Maipú, entre otros.

Por su parte, la centro izquierda tradicional que conformara la antigua Concertación por la Democracia, agrupada hoy en el pacto Unidad Constituyente, alcanza sus peores resultados en la elección constituyente, con un magro 16,7%, llegando cuarta en una carrera de cuatro listas.

Con ello, el centro pierde hegemonía y se instalan nuevos clivajes más ciudadanos, la preeminencia de la izquierda del espectro político, con un claro avance del Frente Amplio y el Partido Comunista.

Los grandes ganadores, las mujeres candidatas y los independientes, que alcanzaron la mayoría de los escaños constituyentes con un 30% del total de representantes.

 

 

El proceso constituyente que se inicia, aunque con baja participación electoral (43%), ha canalizado institucionalmente la indignación y da paso a un nuevo ciclo histórico para un Chile que no quiere seguir siendo el 4° país más desigual del mundo; expresión extrema de la democracia representativa en una élite, en desmedro de la capacidad de participación de la ciudadanía, con el voto como mecanismo excluyente de participación.

La Convención Constituyente abrió espacios a la emergencia de liderazgos provenientes de la sociedad civil (movimientos sociales, gremios, asociaciones y organizaciones territoriales), a partir de un fuerte trabajo en los territorios.

 

¿Qué podemos esperar? 

La convención constituyente debe deliberar y fijar su hoja de ruta, pero de acuerdo a su configuración y a los planteamientos de campaña de los candidatos a constituyentes, se esperan cambios significativos al modelo de acumulación imperante, por uno de desarrollo solidario, reorientación hacia derechos sociales, a un Estado protector.

En términos de reconocimiento de los pueblos originarios, la definición de un Estado plurinacional (más del 91% de los constituyentes electos se inclina por esta medida).

Finalmente, la instalación decidida de una redistribución del poder desde el centro a las regiones y los territorios, y muy especialmente sobre la base de una agenda feminista y de equidad de género en la política nacional.

 

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